“Aunque el mundo está lleno de sufrimiento, también está lleno de superación” Helen Keller.
Después de más de cuarenta días de confinamiento en casa, sigo aprendiendo cosas sobre mí mismo.
En este caso me voy a referir a la superación del miedo y a la comprensión de la dualidad cerebral que ahora explicaré.
En ocasiones, me invade un miedo total, relativo a la enfermedad y a mi futuro. “Si fuese contagiado y se complicara la enfermedad por tener hipertensión y problemas de corazón, podría morir”. “Morir sólo, intubado, sin poder despedirme de mis seres queridos”. Es terrible pensar así, pero entra dentro de lo posible. Y sobre el futuro… A veces, me vienen pensamientos sobre un futuro laboral y económico totalmente desastroso. “Con la consulta inactiva tanto tiempo, si hubiera un rebrote, sería el remate final y tendríamos que cerrar”. “No podré hacer frente a mis pagos y todo será un desastre.”
Con estos pensamientos, los momentos de angustia caen como una tormenta de verano empapándolo todo en unos minutos. Sin embargo, cuando mi forma de pensar racional retoma el control, los pensamientos cambian. La enfermedad ya no es tan terrible y si contraigo el virus puede que me afecte levemente y que lo supere sin complicaciones, como la mayoría de la gente. El futuro laboral lo veo de otra manera y así pienso que unos meses malos no pueden tirar por tierra una carrera profesional de tantos años y que las oportunidades después del confinamiento irán surgiendo poco a poco.
En estas circunstancias, subido en esta montaña rusa emocional, he aprendido mucho más sobre mi emocionalidad y cómo está mediatizada por mis pensamientos. Pensamientos que tienden a ser catastróficos y excesivamente negativos, sin tener en cuenta los datos reales que hacen la situación difícil, pero no terrible.
Esto me recuerda al “ABC emocional” que utilizo con frecuencia en mi trabajo como psicólogo y que se resume en la frase del filósofo estoico Epicteto: “No son las cosas que nos pasan las que nos hacen sufrir, sino lo que nosotros nos decimos sobre esas cosas”. Es decir, lo que nos genera un plus de sufrimiento, en muchos casos, es la interpretación que damos a lo que sucede y no los hechos en sí. También, Michel de Montaigne, escritor y filósofo francés del siglo XVI, comprobó esto y por eso afirmó: “Mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron”. En estos días me he sentido identificado con Montaigne, en algunos momentos.
Es como si tuviéramos dos formas de pensar, como los sistemas de pensamiento que propuso el psicólogo Daniel Kahneman, premio Nobel de economía en 2002, como pensar rápido y pensar despacio o sistema 1 y 2 de pensamiento. El primero piensa rápido, es automático y poco reflexivo, emplea poco esfuerzo, es intuitivo pero muchas veces nos lleva a conclusiones erróneas. El sistema 2, sin embargo, es más lento, reflexivo y racional, pero sólo se activa cuando lo necesitamos realmente porque requiere mucho más esfuerzo.
Entonces, la clave es ajustar el pensamiento para superar el miedo. No podemos cambiar la situación, pero sí podemos elegir cómo nos enfrentamos a ella.
En este caso, para no dejar rienda suelta a mis miedos y encontrar esperanza he recordado muchas historias pasadas que he oído a lo largo de mi vida. Historias de superación como las que me pudieron contar mis abuelos de la postguerra. Esas personas lo pasaron muy mal pero cuando contaban sus historias, no lo hacían con miedo sino con cierta satisfacción. Habían pasado hambre, calamidades, enfermedad. Se habían enfrentado a la muerte y habían sobrevivido. Y lo recordaban sin miedo. Incluso, les gustaba contarlo para dar testimonio de que lo habían superado con fortaleza. Probablemente en esos momentos difíciles tuvieron miedo, pero también esperanza y emplearon todas sus fuerzas para seguir adelante. Seguro que, en ocasiones, se vinieron abajo y se desanimaron, pero prevaleció en ellos la lucha por sobrevivir y por vivir de la mejor manera posible.
Esto es lo que he aprendido en estos días. El miedo hace que lo pasemos muy mal, pero podemos dejarlo atrás centrándonos en el momento presente y en la acción para superar las dificultades.
El sufrimiento forma parte de la vida, pero la superación, también.
Eduardo Lázaro Ezquerra
Psicólogo y Coach
* La huella del coronavirus. 1ª Parte.