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La huella del Coronavirus. 1ª Parte

“Lo que no me mata me hace más fuerte” Friedrich Nietzsche.

Cuando, por ser un privilegiado, llevo un mes en casa y surgen más ocasiones para la reflexión, pienso en la huella que me va a dejar esta experiencia inesperada.

Al principio, me centré en cómo afrontar el confinamiento, la inactividad laboral presencial, la bajada brutal de mis ingresos y la drástica pérdida de valor de mis ahorros e inversiones. Lo que hice fue no resistirme a lo que escapaba de mi control, como un junco que se dobla por el fuerte viento. También, lo podemos llamar aceptación consciente.

Superados esos primeros momentos de shock con resignación y adaptándome a la situación con actividades online y rutinas en casa (lectura, gimnasia, cocina, juegos con mis hijos, conversaciones con mi mujer y mucho WhatsApp), pienso en el futuro y me invade la incertidumbre.

¿Cuánto tiempo durará el confinamiento en casa?

¿Cuándo podré reiniciar mi trabajo habitual?

¿Cómo será la vida social después, con riesgo de contagio todavía (viajes, reuniones, restaurantes, cines, centros comerciales, etc.)?

Tendremos que resignarnos y adaptarnos, también, a esa nueva e inesperada situación.

Pero al reflexionar sobre ello recuerdo el aforismo de Nietzsche “Lo que no me mata, me hace más fuerte” y pienso en lo que ha cambiado en mí y me ha hecho más fuerte. Pueden ser varias cosas que tendré que comprobar, cuando llegue el momento, como un luchador que se prepara para el combate cuando le toque salir a la arena.

La primera es tomar conciencia de que las cosas no permanecen y que el cambio forma parte de la vida, aunque no nos resulte cómodo.  Unos meses atrás hacía planes con mi familia para ir a Italia en Semana Santa y hasta teníamos comprados los billetes de avión. Ahora no sabemos si podremos ir en las vacaciones de verano. Ni siquiera sé si tendré vacaciones de verano o si podremos viajar. Pero esto no tiene importancia cuando pienso en otras cosas que podrían cambiar como por ejemplo mi salud o la de mis seres queridos, mi estabilidad familiar, mi trabajo, mi modo de vida, en general. Puede que cambien. Puede que empeoren o que mejoren. Y aquí recuerdo lo que llamé “Mi filosofía de vida” en una web que diseñé hace años: “Valorar lo que tengo y seguir intentando mejorar”. A veces, se me olvida y con este revés que nos ha dado el coronavirus, he vuelto a recordarlo con más fuerza que antes.

La segunda es aceptar mi vulnerabilidad y mi fragilidad con respecto a mantener mi estilo de vida. Esto me hace pensar que damos por hecho que vivir con libertad y abundancia es lo normal. Pero, me he dado cuenta de que debemos esforzarnos para conservarlo, porque en cualquier momento por un cálculo erróneo lo podemos perder. Y no sólo por un error individual, sino también colectivo. De esta reflexión me surge la idea de empeñarme más en ser previsor con respecto a mis decisiones para que estén aseguradas, en la medida de lo posible. No arriesgar demasiado en lo que sostenga los pilares de mi estilo de vida. Y también, comprender que la política es muy importante y que elegir bien a los que nos gobiernan es fundamental. Para ello no podemos dejarnos llevar por impulsos ideológicos del momento, sino pensar en quiénes son los más idóneos para ponerse al frente de nuestro presente y futuro como nación. Personas competentes y preparadas, sin intereses prioritarios partidistas. Habrá que trabajar por generar una nueva y renovada clase política con sentido social de lo fundamental y no de lo accesorio. Accesorio es decir “todos” y “todas” y fundamental es tener un sistema de salud sólido y bien dotado, también para nuestros ancianos.

La tercera y relacionada con lo anterior, es que solo no soy nada. Los demás son los que dan sentido a mi vida. Mi familia, mis compañeros y amigos, mis clientes, …, y las personas con las que me relaciono en general, así como las personas que me dan cualquier servicio (comerciantes, empleados, funcionarios, policías, personal de limpieza, médicos, …, etc.) son los que hacen posible que viva bien. De aquí sale la necesidad de ser empático, agradecido y solidario. Comprender a los demás, permitiéndoles que se centren en sus necesidades, sin pretender ser yo el centro de sus vidas. Agradecer a todas las personas lo que hacen por mí. Si una instalación está limpia, no está de más, reconocérselo a la persona que lo limpia. Algo tan sencillo como eso puede proporcionar un buen momento a ambos. Pero también, ser solidarios. Hacer algo por los demás de forma altruista. Genera satisfacción y contribuye al bienestar general.

De momento, he aprendido estas tres cosas. Supongo que con los días podré añadir alguna más.

La vida es un proceso de aprendizaje continuo si estás atento a lo que te sucede y lo analizas con inteligencia.

 

Eduardo Lázaro Ezquerra

Psicólogo y Coach

https://www.centropsico.es

La huella del coronavirus. 2ª Parte.

https://www.centropsico.es/la-huella-del-coronavirus-2a-parte/

 

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