La lectura de un análisis del informe anual de la consultora Capgemini sobre riqueza mundial, me ha hecho reflexionar sobre algo fundamental: el valor de las relaciones personales y emocionales.
Además de los titulares que podrían ser cómo por primera vez en los últimos siete años habría disminuido el patrimonio de los multimillonarios y cómo estos se estaban volviendo cada vez más conservadores en la gestión de sus patrimonios, el análisis resaltaba que Capgemini propone que las relaciones que se establecen entre los inversores multimillonarios y sus asesores necesitan mejorar en lo personal y en lo emocional.

En el aspecto de las relaciones personales, el informe apunta que es clave “construir un enfoque personalizado en áreas donde los clientes esperan una conexión personal en lugar de una experiencia de autoservicio”. Y es que la tecnología no aporta el factor humano personal. No es lo mismo leer una noticia a que te la cuente el protagonista. Si entro en un recurso informático para saber cómo van mis inversiones obtengo una información general, en algunos casos excesiva. Si comunico con mi asesor y éste conoce mis necesidades financieras y mi situación personal, me voy a sentir mejor comprendido e informado.
En cuanto a las emociones, consta en el citado informe que un 28% de los encuestados considera que sus asesores no tienen desarrollada la inteligencia emocional para conectar con ellos. Y es que la inteligencia emocional se aprende y se potencia, desde una posición consciente y centrada en el cliente.
Estos párrafos forman parte de un artículo publicado en el Asesor Financiero por Eduardo Lázaro, psicólogo-coach en PSICO.
Para leer más: https://elasesorfinanciero.com/el-contacto-personal-clave-para-guiar-las-emociones-que-influyen-en-las-decisiones-financieras/